
Cada 19 de septiembre, México recuerda dos de los sismos más devastadores de su historia reciente: 1985 y 2017. Estos eventos no solo dejaron huellas en la memoria colectiva del país, sino que impulsaron una transformación significativa en la manera en que se diseñan y construyen los edificios, especialmente en urbes como la Ciudad de México, donde el riesgo sísmico es una constante.